No me busques detrás de la camisa
El orín del azogue borda un fleco
Circunflejo en mis cejas, gesto hueco
De mal actor que ensaya una sonrisa.
Joaquín Sabina
LA OTRA CARA EN EL ESPEJO.
Acostumbrase a despedidas, cabrón recuerdo, lección de noches de insomnio en un hondo hueco, desde donde te gritaba, para que me rescates y me devuelvas mi vida pasada, vaya oración lejos de arrodillarme al pie de mi cama y volver a confiar en Dios que ya de a pocos va lanzando el anzuelo para cogerlo nuevamente con mi boca y dejarme sin palabras, sin blasfemias, sin adioses, sin besos de lujuria en mis maratónicas madrugadas sin soroche.
¿Quién devuelve la alegría?, ¿quién trae de nuevo su sonrisa?, quién me levanta de mañana con un beso en la frente y prepara el desayuno para una larga jornada, quién juega conmigo por las tardes, quién se ensucia los pies descalzos en el lodo del patio trasero de la casa, dónde volaron los recuerdos de mi vida pasada, quien se llevó la adolescencia prematura con las chicas y los amigos andando por las avenidas bien vestidos, con latas improvisadas de cerveza y guitarras a la espalda con dos notas musicales aprendidas en la cabeza, quien se llevó los gritos, los llantos de la soledad, los primeros celulares de pantalla azul, donde veía tus primeros y malos ortográficos mensajes digitales, y yo como un tonto, quemándome la mano con papel y lápiz, hasta que te llegue la señal, quién se llevó los amigos del parque con el buen pisco, las pajas con almanaques, quien se llevó mi primera "luna de miel" en la azotea, mi eterna luna de miel sin equipaje, dónde se fue la antagonista del cuento que desaparecía por la acera camino al sur de mis ojos, luego de una tarde después del colegio ahí suavemente en el techo sin más preocupación que nuestros sueños, dónde están las estampitas de amor que comprábamos juntos en el puesto de la seño.
Sonrisas, eso es lo que falta, un buen poema, una mirada falsa, maniquís de canciones de adolescencia como buena opción de fugaz compañera, hace falta silbar al viento el humo del cigarrillo que se apaga, pasan los años y ya no hay sueño, ni en la cabeza ni en la cama, paro despierto a discreción con sobredosis de pensamientos, recuerdos de un tiempo donde todo era bueno, y los remedios del espejo, que a pesar de seguir con el cabello largo, sólo me dice que me hago más viejo. A ver quién sonríe, el viejo cascarrabias y muerde dientes me mira, ya afuera sobran motivos para saber quién estará dispuesto a acompañar tu soledad a que le guste tu pasado, que te mire a los ojos y encuentre el retrato desfigurado en el que te convertiste, vi en algún diario chicha de hoy la vieja frase de que todos hacen leña del árbol caído, en mi caso estaría dispuesto a q me hagan un buen whisky, para mezclarlo con las únicas lágrimas de amor que vi derramar una tarde-noche, y con ello de un trago amargo volver a levantarme, para dejar de ser esa ambulancia en hora pico, que lleva dentro de ella un moribundo, pero se aferra a la esperanza a pesar de aquellos cabrones que obstruyen el camino, el celo, la envidia, yo he caído, pero no me he rendido, y a pesar de mi condición de despeinado inconsecuente con trajes y zapatos descuidados aún guardo las tremendas ganas de sonreír mirando al espejo, dejando de lado el escarnio, las hipócritas miradas falsas de las gentes que conocen mi vida y que rezan un ave maría por mi pensando en el momento de volver a prostituirse discretamente ante mis ojos con un saludo cordial.
Son inacabables los delirios, están en cada paso de mi vida, perturbados por lo que se vendrá, angustiados porque los sueños que ya quieren descansar, quieren olvidarse de ser ellos y quieren mandarme al mismo carajo, a la realidad, se cansaron de mi destino de los designios de mis ganas, del talento abrumado en la realidad, se cansaron del bohemio, y a pesar de ello puede que me confundan con un despreocupado que piensa que todo pasará algún día, que acabará la agonía, ese despreocupado al que se le incinera el alma, y que con cada sonrisa falsa, guarda la esperanza de no rendirse, pues aún es pronto, aunque veo como se apaga la vida, la voz suicida cada vez más aprende este idioma, y ya no se le hace tan difícil comunicarse conmigo y suele pasar que en ocasiones hasta coincidimos.
Sigo en el espejo, y si volteo la mirada en el mismo espejo hay una mirada fija hacia mí, no se inmuta a lo que haga, pues con su mirada fija pienso que quiere reclamarme en que nos convertimos, o quién fuimos, o quizá quiere levantarme al decirme que sólo soy yo quién puede volver a ser feliz para ya no estar fingiendo tranquilidad, ante los que buenamente caminan a mi lado, y también para aquellos que con sus indirectas creen que me hacen sentir mal, pues saben que sólo así de alguna manera lograron ser mejores que yo, sigo riendo pues no necesito esta altruista batalla, nunca me importó el que dirán de la gente, me bastaba con mi imaginación para ser feliz, y ahora me basta con mi familia y llamase familia ; mis padres mis hermanos y dos o tres amigos por ahí para seguir este difícil camino de las noches con infinidad de ideas para salir de ésta.
El espejo quizá siga con la mirada fija e inmutable hacia mi, hasta que los sueños despierten de nuevo, hasta que regresen las sonrisas de verdad, la alegría virgen de llorar de felicidad, de suspirar al viento mirando el cielo e inspirando mi escenario, y cagarme solemnemente en el escarnio de los que se dicen "sabios" o coherentes y dirigen su bendición a mi devastado presente con la más cabrona de las hipocresías, aquellos coherentes, que nunca tuvieron nada bueno que ofrecer o que decir, ahora usan mi nombre para dárselas de intelectuales consejeros.
Saludos desde esta cama a mi familia, estén tranquilos pues a pesar de los sueños cansados y el presente cabrón, las herramientas que algún Dios me dio en nombre de dones para enfrentar a mi mismo en esta aventura están intactos, y aquella gente envidiosa carente de aquellos dones que disfruto cada vez que se dilucidan en mi vida, ya están fuera de mis ojos, el único que puede reclamarme quién soy, o decirme como poder hacerlo mejor es mi familia y yo mismo con la otra cara en el espejo.
Sí, son 3 amigos, y entre ellos dos honorables damas.