viernes, 13 de febrero de 2009

juegos de escondidas

Y es porque ando feliz, revoloteando pensamientos de enojos taciturnos, en un aire risueño de medio día cuando las almas danzan al compás de mis lágrimas que lloran de alegría. Entre los secretos de su tímida sonrisa, se refugian mis deseos en mis ojos que desde lejos la miran ,y es tan bueno estar solo, que así puedo imaginar cada mañana que despierta entre mis sueños Después de una noche, en la que de tanto soñar se quedó dormida, y sin conocerla sé que ronda perdida, en esta perpleja estación de la vida, donde en cada canción de amor suele dibujar moralejas con su melodía, en el lienzo temeroso de cada paso que da mi andar en la búsqueda de su mejor día, para saludarla y robarle una mirada que no puede seguir siendo desconocida,
como en esta noche se presenta a mi una nueva poesía, la centella cruza el cielo negro y a la luz de luna se refleja mi ave de mal agüero .con la sombra que se posa en mi rostro para dejar claras todas mi agonías, esas donde solo me queda recordar los ojos que desde esta hoja de papel sin parpadear me miran, y siento ya las almas de las prosas sin firmas, que algún día se llamaron anónimas y dejaron pendiente mi partida, a un mundo donde pueda vivir sólo de sonrisas, y ahí ronde usted al encontrarla en el ferrocarril brincando para alcanzar el tren que la lleve hasta su mas venidero sueño, que puede yacer quizá en el pasadizo del callejón donde duerme su poeta esta noche, llenando de palabras las constelaciones compañeras y cómplices de su rumbo, que no sabe de primaveras ni de doces de octubre, que vaga solo en el mundo despiadado dando alas a su poco común intento, y sin intentarlo cree conocerla, y sin conocerla cree ser feliz, y sin ser feliz espera el tren que la traiga hasta aquí, donde también aguarda mi equipaje y mis ganas de vivir, con las pocas lecciones que recogimos desde que el maestro dijo que solo estudiaríamos para diferenciarnos de aquel que no tuvo la oportunidad de un libro abrir, y es por ello que ahora me pongo a escribir, para no ser distinto sino para estar solo y acompañado al tener su recuerdo por aquí, a lado mío con aquella brisa risueña, e imaginar su silueta como un espectral monumento que mira fijamente el infinito de todo nuestro universo, de la pintura que dejo caer en el blanco y negro de mi desconocida existencia, y sin tenerla quisiera llevarla hasta la fábula de los Ángeles torturados, aquellos que en vida jamás dijeron lo que sentían al verse enamorados de tan perfecta musa, y silbaban junto a las golondrinas la melodía que premeditaba un encuentro glorioso de dos caminos inciertos, de dos miradas y de dos sueños, de esa pupila que mira hasta mi lecho, el callejón tétrico de las noches grises y de la alborada que guardo en mi bolsillo derecho para regalársela a aquella oscuridad que corroe la acera de mi avenida, hasta el punto final de luz, donde yace su cuerpo sereno , en el ensueño que nos regala cada mañana el seguir viviendo, en cada minuto desesperado al no saber si continuar allí donde los ángeles torturados surcan mi llamado, o aquí donde solo una sonrisa me regala la certeza de saber que no hay mayor esperanza que la que se dibuja con el gesto de sus labios. y sin quererlo voy repitiendo cada verso y cada elogio y no puedo evitar lo profano de mi escrito, preferiría que sea una carta divina hacia aquel ser que desde algún lugar no muy incierto me mira, para que se entere del cuento que creó al dejarme nacer como un aprendiz de poeta, como un aprendiz de amante, como aquel que quiere pararse al frente de su puerta para ver la hora en que sale a caminar campante de divagar entre el verde parque y por todas aquellas aceras de la nocturna ciudad y sorprenderte con en el canto de mi canción, con la fotografía que robé de algún secreto socavón y con la carta mecanografiada para evitar faltas ortográficas y errores de puntuación, y creer ser feliz, por todo lo que imaginé esta noche donde solo quería con su recuerdo escribir… y creer ser feliz en el sueño de mi noche al lado de mi monumento espectral, y con lo cotidiano de su mirada, que sin pedir nada me regala, quizá por estudiar juntos, quizá por no saber quien soy, o quizá porque en una noche de tantas que tuve su pensamiento entrelazado en mi timidez, simplemente quise que su nombre sea la excusa de mi creación, y que cada canción que escuche en adelante vaya dedicada de mi parte, pues de ellas se aprende mucho más, que las teorías regadas por el suelo de nuestra mal comprada libertad…
Espero sea feliz y no cambie su mirada, espero verla pronto y decirle que no soy mas que un loco, que gusta de sus ojos y de la paz que regala su presencia en multitudinarios enojos y de la luz de mi sueño en esta noche donde antes de dormir me despido de usted diciéndole no haga caso si quiere o si ronda el temor certero pero no soy un asesino soy simplemente alguien que podría morir por usted…


Extracto promocional de la novela “Cuando sonríe una princesa” memorias (Agosto 2008) Miguel Ángel Zúñiga Ayerbe

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