Pedí al taxista que cambie el rumbo y me lleve hasta la calle recoleta 402, ahí se ubican los edificios donde crecí, a dos cuadras del parque libertad.
Subimos las escaleras entre tropiezos, consecuencia de la noche que tuvimos. Y al llegar hasta la azotea un tanto agitados, nos sentamos apoyados en el muro contiguo a la puerta, alzamos la mirada hasta el cielo y comenzó el peregrino soñar de los dos, respirábamos ese aroma adolescente que en unos años acabaría, llenamos nuestras almas de la agonía lúgubre por la nostalgia de nuestros buenos días, y conversamos al frente del mar de luces de esta ciudad, que alguna vez las fijé como mi esperanza de encontrar en alguna de ellas al amor que aplacaría esta agonía de soledad, aquel cuerpo que traería entre sus gestos y sus características, la magia de desnudar un alma a la luz de la luna, entre el suelo que se torna propicio a la hora de contornear la silueta de esa vida embriagada de tanto soportar a ella misma, y yo con mis manos que construyen un sueño que se hace mas complicado con cada año que pasa sin que yo pueda hacer algo más que seguir soñando, con la ventana de testigo hacia mi ciudad que trae consigo por las noches los idilios de su aroma distante, de su inmadurez y de su adolescencia inconclusa, en el lugar donde le toco nacer, y hasta trae su ausencia para acompañarme esta noche, donde las constelaciones no me guían hasta 1800, pero si me llevan hasta este cuerpo que se encuentra a mi lado para con un beso certero, sobornar las formalidades efímeras de nuestra amistad, y un buen pretexto, que decía:-está noche no puede acabar-
-tienes razón- contestó y con un tímido beso a la altura de mi cuello, poso su cuerpo entre el mío, la etérea música del viento que silbaba por la noche era precisa para matar nuevamente a los demonios, a las promesas, a las palabras que mueren cuando muere una voz, esa voz asesinada por el olvido.
Y de nuevo sus ojos reflejándose en los míos, con la expresión tímida y culpable, con la inexperiencia de hacer daño a eso que llaman amor, y con el transpirar entre sus prendas que ya no sirven de nada a la hora de desvestirla, pues el pudor se pierde cuando se pierde la noción del mundo que tenemos a unos cuantos metros, cuando estamos nosotros dos ocupando de él, el mínimo espacio, el espacio donde se encuentran dos personas, donde debería estar solo una, y así prenda a prenda tratar de hallar el acertijo que se esconde entre su piel y la mía, y la embriagues de la noche quede perdida con aquellos besos cómplices de nuestro universo, mas infinito aun.
Su cabello ondeado caía entre su rostro mientras cerraba los ojos al danzar su silueta con la mía, cada prenda caía y el frío de la noche no fue pretexto para entorpecer nuestro fugaz amar. Besaba cada espacio de ella mientras la recostaba en suelo, ya sin nada que temer abrazó mi cuerpo y quedamos unidos, para siempre, hicimos el amor, quizá aquello que era lo que teníamos pendiente desde que nos conocimos, ella lo buscó entre otros cuerpos mientras yo lo hacia con mis recuerdos, era aquel momento donde no hay nada que decir, donde no hay nada que pensar, donde los sueños se consumen y parecen reales con gotas de sudor que caen en la alfombra que formamos con las prendas caídas, con el cielo de testigo y las mentes ubicadas en nuestros ojos que se miraban fijamente, sus brazos abrazaban mi espalda, su fuerte respiración golpeaba cerca de mi cuello, y apenas si podía decirle unas cuantas palabras al oído, -espero no te arrepientas de esto- le dije, yo nunca me arrepiento de nada, excepto de haber nacido-.dijo. Su respuesta dejo en mi la confusión tirana de verme como aquel canalla que solo busca en el cuerpo atormentado por el pasado el placer efímero, de aquella amiga que fue como mi hermana, pero que después de esta noche sería no más que la segunda muchacha con la que hice el amor, de pronto en nuestro peregrinar, sentí mas fuerte la presión de sus brazos en mi espalda al parecer llegaba aquel grito característico del amor y yo sólo atinaba a mirarla a los ojos y contemplar su respiración. Quedamos privados un momento, casi 4 minutos inmóviles, unidos, y consientes que llegó el fin.
Daban cerca de las 3 de la madrugada y aún seguiamos desvestidos en el suelo de la azotea ella se apoyaba entre mi pecho mientras no dejaba de tararear agónicamente alguna de nuestras nostálgicas canciones mirábamos divagando el panorama de la ciudad, y nuestro silencio era más que suficiente para ser felices un momento,
-me dedicas algún poema- me dijo de pronto
-El que tú quieras- respondí
La embriagues se apartó, solo soñábamos despiertos, y recordábamos. Por mi parte en mi mente no vagaba más que su figura desnuda, pero no precisamente de la acompañante que tenia aquella noche sino la imagen de aquella chiquilla que alguna vez pensé que me acompañaría toda una vida, cuando juramos en el viejo auto con nuestra despedida envuelta en el llanto de nuestra desnudez, que cualquier día seria preciso para volvernos a ver, que trabajaría duro cuando esté preparado para poder buscarla en cualquier parte del mundo, cruzando mares o volando los cielos, surcando nuevos caminos por si ella está perdida en algún sitio lejano, para tener una buena excusa para nuestra locura nada más que el amor.17 lágrimas contamos aquella noche que le quedaban 4 horas para que despegue el avión que hasta el día de hoy no me la devolvería.
Su respiración por un momento daba calor a mi pecho, ella seguía tarareando alguna melodía, de nuestras viejas canciones.
-Alguna vez te escribí una canción con lágrimas en los ojos- le dije de pronto.
-¿Lloraste por mi?- pregunto ella
- No precisamente por ti, pero si por mi- le dije,- lloré por mi cobardía de nunca haber hecho ningún esfuerzo por que tú fueras la chica que siempre tendría q amar, quizás tu nunca te hubieses ido- respondí
-mi poeta- decía mientras miraba al vacio rozando mi pecho y siguiendo el camino que se formó en mi cuerpo por el sudor que apenas brillaba a la luz de la luna. -nadie ama a nadie aquí, todas las esperanzas están envueltas en quimeras que jamás podremos convertirlas en realidad.-
-Yo amé a Claudia- le dije
-¿lo ves?, fue tu quimera y ahora estás conmigo porque jamás fue real, y quizá mañana ames alguien más, quizá ames a tus amigos, a tu familia, a algún perro, quizá te ames a ti mismo, pero quien te asegura la otra parte, quien te asegura ser correspondido, ni tú mismo, si te amas a ti mismo y algún día te vez extasiado por alguna chiquilla que vez pasar por la calle, ya te habrás dejado de amar, y acabará una historia más, de aquello llamado amor.- respondio
-alguna vez pensé que estaría solo por siempre, que si alguna vez alguien se decidía a estar conmigo era simplemente porque le encantaría mi soledad, y decida formar parte de ella, y ser dos solitarios en uno solo, para que así sea perfecta la soledad, como esos bichos que surcan mi casa y sin darse cuenta me dan algún tipo de compañía.-le dije
-solos nacimos, solos moriremos, mi poeta, y si no quieres aceptar la realidad de esta vida, continuemos con la quimérica y cántame esa poesía- dijo de pronto con aquella voz sutil y humeda de tanto amor
Solo me quedó golpear mi garganta para que pase desapercibida la intoxicación de mi voz, y cantar mi melodía.
1 comentario:
tas templado o ke??.. jajaja
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