domingo, 20 de noviembre de 2011

BRYCE

Siento mucho desasosiego al ser un poeta más de aquellos a los que les saludan por las calles.

     Alfredo Bryce 24/09/11

BRYCE.

Los Sábados matinales, generalmente en mi aposento vagabundo, suelen caracterizarse por el hastío del sol abrazador de 10 de la mañana ingresando por mi ventana, la soledad, de cuando en cuando una resaca juvenil y un remordimiento tránsfuga de los días que pasan lejos de mis sueños, lejos de las tardes nubladas de enero o febrero o lejos de los versos que navegan apresurados como fotografías en el viento que veo paso a paso.

Aquel sábado prácticamente lo tomé sin precaución; aún los vestigios de la noche: dolor de cabeza, sed, temblor en las manos, conversaciones altruistas sin terminar y sin respuestas, sin razón de ser, sin comienzo mucho menos sin final, los intelectuales que vociferaron sin fundamento el día anterior su irrefutable razón, deben estar pensando en que carajos dijeron o precisamente si dijeron algo. Mas de hoy, sólo televisión idiota, publicidad prostituida y en la calle humo trastornado, artísticos taxis, bocinas a discreción delirantes e indignantes, semáforos con solo dos bombillas funcionando, y anuncios de nuevas construcciones colosales y nuevamente sólo queda la promesa de la ciudad apacible en la que algún día crecí.

Sábado sin pena ni gloria, sino no fuese porque a duras penas, por la resaca, pude recordar que algún señor escritor estaba a pocos minutos de ofrecer algún tipo de conferencia o ponencia discreta, sin mucha bulla, pues se venía celebrando en la ciudad, "la feria del libro" vaya feria donde en su primera edición me tocó trabajar maratónicos días, interminables, ofreciendo títulos por aquí y por allá, buenísima feria, donde la gente obviamente va a comer como lo escuche alguna vez, obviamente el señor escritor había sido invitado para la feria del libro abierta al público, pero yo no quería verlo ahí, siempre me gusto buscar a nuevas gentes discretamente, generalmente sin que nadie se percate, pues así puedo guardar el misterio ante los que andan a mi lado, el misterio de cada humanidad o persona que se posa en mi camino, sólo para mí y no para los cabrones que están al asecho de cualquier mirada para pisotearla con pundonor y no parar de hacerla mierda hasta hacerla parte de sus estereotipos estúpidos, y vaya sorpresas que me trajo aquella mala costumbre. Ya que no quería buscar al señor escritor en la feria, fui a otro único lugar donde iba a estar para el público, gracias a un enano rector que lo invitó, y sí, iba a estar en la universidad "católica" de la ciudad, y es ahí donde lo conocí, al ingresar al auditorio: "William Jim Morrison", pude ver no más de 30 o 35 personas, genial ambiente, bueno al menos para mi, es cuando aquel intelectual, con un ahogado acento español y un temblor en las manos que quizás no le deja servirse un buen trago a los que estaba acostumbrado, o a lo mejor también tuvo una noche previa como la mía, respondía preguntas de los pocos presentes pasajeros, algunos entraban y salían como diciendo: -¿y éste? Haaaaa creo que es el que escribió cien años para Julius- obviamente actitudes gracias a que el enano rector no permite en su régimen constantemente visitas tan monumentales cómo la de aquel señor escritor. La gloria era perfecta, no sólo veía a unos de los referentes de aquella época dorada de la escritura en español, de los personajes y los contextos mágicos que me llevaban cuando adolecente leía a García a Paz a Vargas a Cortázar a Asturias, aquellos referentes del boom latinoamericano, años dorados, qué no daría por haber nacido en aquellas épocas, para conocer a todos ellos, hoy sólo veo escritores amarillos, mediáticos, si no tienes un show de televisión es casi imposible llegar a que lean tu libro, o más aún ser reconocido como escritor, escribiendo porquerías, el morbo vende, hay que hacerlo así, mucho morbo, poca literatura, pocos escritores, estos tiempos caen peor que el puñetazo que Vargas aplico a García en algún Rincón mexicano.

El post boom nos regaló a Bryce, me deleito escuchándolo hablar, contando experiencias de cuando su Padre lo cogió a bofetadas al confesarle que quería ser escritor y no seguir la tradición bancaria de la familia, de cuando niño su madre le hablaba en francés y su padre en inglés, de su hermano enfermo, de las novias españolas, de cuando se despidió de los amigos de alguna universidad de Lima, y ellos lo despedían cabronamente diciendo, ahí se va Alfredo a París ,a vivir de bohemio, de su colegiatura en derecho, de los consejos de leer y leer y leer mucho e incluso leer desordenadamente, de las clases de literatura que dictaba en Francia de cuando conoció a García , cuando Vargas llosa fue el primero que leyó su obra cumbre y le ayudo a la publicación, de cuando se enteró que era famoso y se internó en el manicomio, de lo fácil que era escribir sobre el Perú estando lejos, pues es cuando se está lejos rodeado de gente de diferente nacionalidad es cuando uno se siente en realidad peruano y sabe lo que es ser peruano en verdad, y sí lo sé, toda aquella vida de poeta que sin duda me deja perplejo al ver que si existen personas como él, y vaya que con esta vida de fantasía cualquiera podría crear las magníficas historias que están al alcance de la cabecera de mi cama.

Cada una de las experiencias que contaba Bryce, eran respuestas de los cuestionamientos de los presentes, cada pregunta de jóvenes no mayores de 20 años, algunos escolares, él anfitrión alertaba a todos de cuestionar al maestro, a ver quién levantaba la mano para la siguiente pregunta, y sin dudarlo más lo hice yo, ya casi al final, quería que pase un poco la resaca para no trabarme al hablar, mientras iba ordenando en mi cabeza mi pregunta de 23 años para los 70 años de pura literatura y letras que tenía al frente, no sabía si preguntarle de la literatura, o pedirle consejos para que alguien lea mis ficciones, pues no estoy decidido a ser un morboso más de las letras, para ayudar a que los lectores busquen pajas más interesantes, o quizá pensé que sería bueno preguntarle, si recibe algún tipo de regalía de una empresa de la "educación" que utiliza su nombre como marca y se pudre en dinero con el cuento de las academias, lo profesores eruditos y el ingreso seguro a la universidad gratuita, pero no, para ello él tendría que estar al tanto de la existencia de la academia y no creo que en ese momento lo esté, fue entonces cuando ya era mi turno, bueno mañana de literatura continuaremos con literatura, ya era casi una de la últimas preguntas y ahí fue cuando me alcanzaron el micro y a ver que me podía decir este monstro de la redacción ante un gusano soñador. -Buenos Días señor Bryce, bueno mi pregunta va dirigida hacia la literatura contemporánea, en el "libro- entrevista" de Javier Menéndez Flores a Joaquín Sabina, el conocido cantautor y poeta, cita a usted diciendo que él nunca escribió una novela o nunca fue novelista, porque todas las novelas que él hubiese querido escribir ya las había escrito usted- Bryce me miró fijamente, en este caso que consejo daría a los soñadores de las letras que no encuentran en sus referentes actuales, su propio estilo o un estilo derivado que los ayude a ser originales y no pasarse la vida en el limbo de no ser reconocidos por falta de un estilo propio o por falta de originalidad en sus novelas?- silencio en el auditorio, y ahí iba su respuesta, imaginaba a él en una bar bohemio de madrugada, conversando de muchas quimeras, tertuliando con carcajadas, explicándome la historia Latinoamericana de la literatura como lo hacía en sus clases en parís. Pero había que disfrutar sólo este momento único e irrepetible de su respuesta, que iba dirigida a mí por un momento aquel señor iba contestar a mi pregunta, y ahí sin pensarlo más de medio segundo dijo: -cuando se empieza a escribir hay que tener en cuenta que es lo que se leyó, cuando se leyó, y sobre todo porqué y para qué se leyó, sólo así sabremos qué es lo que escribimos, cuando lo escribimos, y porque y para que lo escribimos. Luego continuó con argumentos de contextos, de personajes, que no recuerdo bien pues la respuesta inmediata ya era suficiente para mi limitado intelecto y mi monótona vida, recordé como un flash rapidísimo dando transiciones en mi cabeza los títulos que había leído, hasta el día de hoy de mis escritores preferidos hasta el día de hoy, entre los de Bryce: no me esperen en abril y un mundo para Julius y ahí comprendí que a pesar de que ya todo esté escrito, aún hay muchos ojos, que no saben lo que leen porque lo leen y para que lo leen y ahí es donde se tiene que escribir.

L a conferencia termina ya nadie más pregunta el tiempo es escaso y la agenda tremenda, unos cuantos regalos del rector, no logro apreciarlos, miro nublado, sólo distingo la botella del licor que el enano le entrega a sus manos, logro sonreír. Bryce debe estar pensando rabioso: enano hijo de puta, felizmente no hay prensa, ya todos suben apresurados, una firmita doctor, Alfredo una fotito con el celular, todos presurosos hacia el estrado, -en orden por favor- dice el anfitrión, pienso en subir un momento pero no tengo un lapicero, una cámara, ningún accesorio que pueda firmar esta mañana tan significativa, me levanto y mientras todos hacen un tumulto en el estrado yo me retiro sutilmente, salgo del auditorio, no tuve un lapicero, ni una cámara, pero Bryce firmó mi vida en lo más profundo de mi ser con su respuesta gran día eso lo sé, espero que él también algún día lo sepa.


 

Angel Guerra


 


 


 

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